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Simples recuerdos de una amistad pasada

por Nasne
jueves, 07 de octubre del 2010 a las 13:31
guardado en

Capítulo 6

 

Hikaru apoyó su mano en la pequeña tabla que se encontraba cerca de la ventana, contempló el paisaje apagado y húmedo que se mostraba a través del vidrio. Sus ojos estaban entristecidos y un poco opacos.

-Justamente ella tenía que ser la amada de mi mejor amigo.

 

Estaba en clases. Hikaru soltó el lápiz y observó la pizarra. Pero realmente su mente no estaba en aquél lugar… estaba soñando con los ojos abiertos. Dentro de su cabeza comenzó a hablar.

-Como hubiera deseado agarrar a ese individuo y darle una paliza… pero ¡Qué va! Eso sería tan salvaje y fuera de mi elegancia con la cual fui guiado en todos mis dieciséis años. Mírenme, incluso dentro de mis pensamientos imaginándome gritándole a alguien y peleando con furia en cámara lenta… soy tan apuesto. ¡Wow! Qué belleza… ¡¿Entonces por qué ella no lo ve?!- se levantó del asiento, sacando a luz la última frase. Sus compañeros voltearon curiosos. Hikaru aclaró la voz, se disculpó y volvió a tomar asiento. ¡Qué vergüenza! Pensó.

Metió sus pálidos pies al agua cristalina que se mostraba como espejo de sí mismo. No sacudió y muchos menos chapoteó, simplemente los dejó reposar, sintiendo la calidez del líquido. En el agua apareció una imagen pero no era tan sólo recuerdos que salían de su mente, envolviéndolo en aquel momento, como si fuera real.

Nadó, haciendo su mayor esfuerzo. Llegó al muro, lo notó cuando chocó su mano contra algo liso y resistente. Sacó la cabeza a la superficie tomando un poco de aire. Se apoyó en el piso y con él dio un salto, saliendo completamente del agua.

Quitó los restos de agua en su rostro y abrió los ojos. Terminó de divisar el paisaje, encontrándose solo en la piscina de entrenamiento.  Antes de irse a los vestidores para tomar su ropa e irse escuchó un ruido entre los arbustos. Se dio un giro con un poco de exaltación. ¿Qué podría andar por ahí en un lugar tan privado?

Se acercó con pasos poderosos hasta el lugar donde ocurrían los movimientos inusuales. Acercó su mano un poco dudoso al matorral, sacudiéndolo así de una buena vez para que saliera a la luz lo que se ocultaba. No apareció nada. Fue extraño para Hikaru, pues no estaba loco y no recibió el Sol en exceso para decir que estaba alucinando.

Pero justo antes de ignorar lo ocurrido una cabeza apareció de repente en el copo del árbol cercano. El muchacho gritó aterrado. ¡Fue un ataque sorpresa!

-¿Te asusté?- preguntó un chico donde su cabeza sobresalía de las hojas y ramas. El rostro lo tenía cubierto de unas cuantas pecas. Llenando la nariz y parte de la mejilla. Su cabello era marrón tirando a un color arena y sus ojos de un sorprendente color miel.

Hikaru  se preparó para gritar con toda la fuerza de sus pulmones, reclamando que un “vagabundo” andaba por la escuela. El desconocido… prediciendo sus actos cogió su mano y tapó la boca del muchacho.

-¡No grites! Espantarás a las personas.

-¡Espantado estoy yo!- gritó enfadado mientras arrebataba la sucia mano de su perfecto y recién lavado cutis.

-¡Ja, ja, ja! – rió con fuerzas. Con carcajadas como si fueran recién horneadas del alma- ¡Qué chistoso!- hizo algunas maniobras y acrobacias, consiguiendo bajarse de las ramas del árbol. Hikaru retrocedió unos pasos temeroso. Fulminó al desconocido con una mirada rápida y luego vociferó:

-Extraño, tienes quince segundos para irte por donde mismo…- luego pensó detenidamente, ¿por dónde habrá llegado aquél extraño?-¿Cómo llegaste?

-Hay una abertura por allá- señaló aquella parte del edificio donde aún se veían algunos ladrillos y sacos de cemento. Donde terminaban de construir la estructura.

Hikaru suspiró sorprendido. Cualquier violador podía entrar y atacar a cualquier estudiante, pensó burlón dentro de su mente.

-No eres bienvenido si no perteneces al grupo del instituto. Extraño.

-¡Lo lamento! Tan pronto como me esconda, me iré. Te lo prometo pequeñín.

-No soy “pequeñín” ya me está saliendo una barba- dijo engreído mientras mostraba la lisa barbilla donde ni un millón de años podía aparecer algún vello. El desconocido rió encantado. ¡Qué chistoso! Le sacudió la cabeza entrelazando sus dedos con el cabello. Hikaru arrugó el rostro, no era un infante para tratarlo así.

El desconocido desvió la mirada sin prestar mucha atención  a las palabras de autoridad de Hikaru. Recorrió el borde de la piscina, admirando cada lugar y notando cada detalle. Al menos si se quedaría como un intruso, debía de dar las explicaciones, le dijo Hikaru. Él sonrió, buscando la mejor manera de contar su trágica vida ocurrida en unos diez minutos.

-Le bajé los pantalones a unos grandulones de la esquina de mi casa, se enojaron conmigo. Corrí huyendo de ellos, y heme aquí en este lugar hablando contigo, pequeñín.

-Oh- dijo ignorante sin ninguna expresión facial- que vandalismo lo tuyo.

-¿Qué puedo decir? Soy temido entre los sujetos o “individuos” y adorado entre las hermosas “ladys”. –sacudió su cabello llenó de algunas ramas y hojas. Hikaru sacó una burla, ni que el desconocido fuera “dios”. –Por cierto me llamo Kai.

-No tengo el por qué decir mi nombre.

-Uy… está bien pequeñín- contestó Kai con una sonrisa picarona, la forma de expresarse por parte de Hikaru era de algún tipo importante, como algún ministro.

 

Comenzó a columpiarse, una y otra vez, danzando con el viento y disfrutando del hecho de casi volar. Hikaru lo observaba con detenimiento, era interesante ver a aquél muchacho desaliñado que se columpiaba con emoción. Kai enterró los pies en la tierra, parando repentinamente.

-Lamento molestarte pequeñín. Creo que es mejor irme a mi casa.

-Oye…- dijo con voz poderosa. Kai se dio media vuelta curioso. –Me llamo Hikaru, no “pequeñín”. – le lanzó una toalla, con la que se había secado después de salir de la piscina. Kai la atrapó a tiempo, sonrió a su manera (picaron) y terminó yéndose.

 

…Dos años después…

Kai curioseaba en la entrada del instituto, observando cada estudiante salir de sus salones, directo a sus casas. Vio a Hikaru con su mochila en la espalda y su uniforme perfectamente puesto. Lo llamó sacudiendo sus brazos. Rápidamente obtuvo la atención  de su amigo.

-¿Qué haces aquí?- preguntó con un poco de vergüenza. No quería que lo vieran relacionado con un muchacho desaliñado y bastante animado. Kai sonrió levantando los hombros con indiferencia hablando con expresiones corporales. – Sí no tienes una razón valedera no vengas….

-¡¿Cuál es la pena?! ¡No tiene nada de malo decir te quiero! – gritó Kai con toda la fuerza que le podía dar los pulmones. El instituto guardó silencio, dirigiéndose las miradas a ellos dos. Hikaru enrojeció, entrando en un estado de cólera.

-¡¿Qué diantres dices K-A-I?! ¡Hombre no diga eso!- comenzó a reclamarle, saliéndose de su figura refinada. Una risita se escuchó no muy lejos. Hikaru giró el rostro deteniéndose. Yoko murmuraba risas, mirando de reojo al dúo.

-¡Me olvidé! ¡Olvidé de mi novia! Amigo ¿quién es ella? ¿La conoces?- preguntó Kai susurrándole maravillado. Hikaru al escuchar las palabras de Kai quitó el sonrojo de su pálido rostro y volvió entristecido.

-No… no la conozco…

-No mires, sé fiel. Tienes novia- dijo Kai tapándose los ojos con una mano.

-¿Cómo está ella?- trató de acordarle la chica que amaba para olvidarse de la estudiante que pasó por delante de ellos.

-Bueno… nosotros- simuló una tijera con los dedos y haciendo muecas en el rostro- cortamos…

-No vayas detrás de ella… busca a otra persona… que otra chica pase… no lo digas, no vayas detrás de ella por favor- comenzó a pensar dentro de la mente Hikaru mientras por fuera exponía una dulce sonrisa.

-Deséame suerte- dijo Kai dándole una palmada en la espalda- ¿Dónde rayos quedó la suerte?-Se preguntó Hikaru hacia sus adentros mientras recibía la palmada. Kai corrió apresurado yendo donde Yoko estaba, caminando con lentitud. Hikaru presionó con fuerzas el puño y suspiró manteniendo la falsa sonrisa. Vio a lo lejos como Kai se acercaba a Yoko sacando una de sus mejores facetas. La chica le sonrió levemente… a Hikaru no le agradaba aquella sonrisa. Vio los labios moverse pero no podía escuchar las palabras. De pronto Yoko continuó caminando, y Kai se volvió, elevando el dedo pulgar y guiñando un ojo a su amigo.

 

Ambos pies dieron un paso hacia la izquierda, perfectamente sincronizados. Dieron una palmada con sus manos y luego sonrieron. Yoko rió mientras se dirigía a las escaleras del auditorio. Hikaru le siguió, bebiendo del agua que la chica tomó para ella. Estaban solos en el auditorio, pues nadie visitaba aquél lugar excepto aquellos días donde los muchachos de la banda y coro se reunían a sus prácticas intermediarias.

-¿Qué vas a hacer hoy después de clases?

-Me voy con Kai al parque de diversiones. ¿Vienes?

-Eh… uh… no. Tengo reunión del Club- mintió, luego agregó- que te diviertas.

-Gracias-se inclinó a un lado empujándolo levemente con el hombro- ¿Te puedo llamar después de que regrese a mi casa?

-¿No lo harás a las dos de la mañana?

-Te prometo que no… bueno… si llego muy tarde espero hasta el día siguiente. – rió junto con Hikaru.

 

Después de salir de clases, Kai llamó a Yoko para verse en el parque, pidiendo permiso para salir con unas compañeras de clases de su instituto… ya saben, no iba a esconderle cosas a Yoko. Sin inconveniente, la chica le dejó en su pleno derecho de salir con quien quisiera. Kai saltó del banco y sonrió encantado, pero después de ver el rostro encogido rápidamente de Yoko guardó un poco la felicidad y se despidió de ella con un abrazo.

Yoko ayudó a Hikaru con su canción, compuesta por la profesora Mckliney. No tenía mucho que hacer y siempre estaba dispuesta a ayudar a sus amigos cuando se lo pedían. De una cosa a otra, Hikaru se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. Repitiéndolo varias veces, como un juego.

-Y esto no está bien- dijo ella levantándose del asiento. –No puedo hacerlo. No voy a hacer cosas indebidas, estando con Kai, no voy a hacer infiel. Nos vemos Hikaru… - agarró su mochila y salió del auditorio golpeando la puerta al salir. El muchacho sopló quitando algunos cabellos del rostro y miró al vacío entristecido.

 

Al día siguiente le comentó a Kai el pequeño jueguito en el auditorio con Hikaru cuando él estaba fuera de la ciudad, muy apenada y mentalizada de asumir las consecuencias.

-¿No se besaron?

-No… ¡Te lo juro! Bueno… no en los labios.

-¿Y por qué no?- dijo burlón como si aquello fuera algo indebido.

-¿No… te hubiera molestado?

-¡No! ¡Para nada! No me voy a enojar por eso, además es mi mejor amigo. En cambio si me enfadaría si lo haces con un extraño de la calle. ¿Quién crees que soy? ¿Un mandón que no aguanta nada? La vida ligera…- sacó una bebida de la máquina. Yoko parpadeó muchas veces sorprendida por la respuesta del muchacho.

 

…Presente…

Jessie is a friend
Yeah, I know he's been a good friend of mine
But lately something's changed that ain't hard to define
Jessie's got himself a girl and I want to make her mine

And she's watching him with those eyes
And she's loving him with that body I just know it
And he's holding her in his arms late at night

 

You know, I wish that I had Jessie's girl
I wish that I had Jessie's girl
Where can I find a woman like that

I play along with the charade
There doesn't seem to be a reason to change
You know, I feel so dirty when they start talking cute
I wanna tell her that I love her
But the point is probably moot

Cause she's watching him with those eyes
And she's loving him with that body I just know it
And he's holding her in his arms late at night

You know, I wish that I had Jessie's girl
I wish that I had Jessie's girl
Where can I find a woman like that
Like Jessie's girl
I wish that I had Jessie's girl
Where can I find a woman
Where can I find a woman like that

And I'm looking in the mirror all the time,
Wondering what she don't see in me
I've been funny, I've been cool with the lines
Ain't that the way love supposed to be

Tell me, where can I find a woman like that!

You know, I wish that I had Jessie's girl
I wish that I had Jessie's girl
I want Jessie's girl
Where can I find a woman like that
Like Jessie's girl,
I wish that I had Jessie's girl,
I want I want Jessie's girl

 

Terminó de cantar, enfrente de un público un tanto importante que definiría una nueva carrera para Hikaru. Un hombre con anteojos observó con detenimiento al muchacho, poniéndolo nervioso. Aquella mirada era penetrante y por cierto gesto, supo de inmediato que traería malas noticias.

-Te llamaremos. – una corta frase pero muy importante para Hikaru.

-¿En serio?

-Sí... tienes talento muchacho. El mundo necesita una nueva cara- contestó una mujer de traje casual, a pesar de aquél lugar fuera una reconocida empresa de discografías.

Hikaru guardó un gran silencio, suspirando lo más que podía. Una gran sonrisa cubriendo parte de su rostro se mostró, exclamando entre salticos:

-¡Gracias! ¡Muchas gracias!

Salió del edificio, sin poder creer aún lo que acababa de pasar allá dentro. Se mordió los nudillos de la mano. No dudó en correr y tomar la bicicleta para ir a casa y decirle a su padre el gran paso que lo llevaría a cumplir su sueño de ser cantante.

¿Mantendré el bebé?

por Nasne
lunes, 04 de octubre del 2010 a las 13:44
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Capítulo 5

 

Amarró las trenzas de sus zapatos. Preparándose para el partido de básquet. Corrió a la cancha, llamando a sus compañeros de equipo para que le pasaran la pelota. Hikaru estaba más que seguro que ganaría el partido, como siempre lo hacía.

-Qué bonitas- dijo Yoko observando los crisantemos, rosas y claveles que había en un arbusto, cerca del Club- hay muchas rosas.

-Por algo se llama “Club Rose’s”- rió irónico Natsume. El muchacho la había invitado a observar el Club por fuera. La chica estaba maravillada, ¡demasiado irreal! Ya entendía el porqué nombrar a sus integrantes: Príncipes y princesas.

-¡NAAAAATSUUUUMEE!- se escuchó un grito eufórico que a medida se acercaba más. Yoko volteó, pero al nombrado no le dio chance de hacer lo mismo. Un muchacho se abalanzó a él, cayendo perfectamente en sus hombros. Yoko cerró la boca con un movimiento brusco… aquello fue sorpresivo. –Oh- dijo mirándola- ¡Mucho gusto! Soy Akira, el segundo príncipe al mando.

-Eh… Yoko.- sonrió levemente.

-¡Bájate Akira!- gritó con ira. Natsume se sacudió haciendo que el muchacho cayera al suelo. Yoko sonrió levemente, fue chistoso su aterrizaje. Akira se paró del suelo con un salto y se sacudió el uniforme.

Él era una excepción… tenía el cabello alborotado. La camisa por fuera, las mangas arremangadas y la corbata… pues era lo único decente que llevaba. Se veía joven y con mucha energía.

-Tengo catorce años y voy un año menor que mi querido Natsume.

-¡Cállate!

-¿Te avergüenzo con tu novia?... qué lástima- su rostro cambió de repente, a una de fastidio. Yoko se sorprendió bastante. Hablaba por segundo y no paraba de reír. -¿Eres su novia?

-No…- respondió sonriendo.

-Oh… ¡Lo lamento entonces!- salió corriendo, llevándose la corbata de Natsume. La victima corrió en auxilio de su prenda, gritando con euforia e ira. Yoko sonrió… aquél mundo no era tan malo como se lo imaginaba.

 

-¡Kaizawa!- gritaron enfurecidos. Hikaru corrió, saliendo por la puerta y adentrándose al pasillo, cargando en su mano unas cuantas prendas de ropa. Su rostro mostraba malicia y diversión. En el camino se atravesó Yoko, preguntando la desaparición de él en todo el día. Hikaru sonrió, llevándosela a los casilleros deportivos, dejando de lado la ropa y adentrándose en el pequeño cubículo.

-¿Qué sucede?- preguntó ella extrañada.

-Shhh… no hables tan alto. O si no esos gorilones me conseguirán y luego matarán- rió. –Siempre cuando van a las duchas, aprovecho para quitarles la ropa que dejan en las bancas. Ridículos que se burlan de mí.

-¿Eso no va en contra de tu refinura?- dijo burlona.

-No vale la pena tener refinura con esos tipos.- habló con arrogancia. Observó por las ranuras de la puerta, nadie se acercaba, pero algunos gritos y pasos se escuchaban cerca, no estaba a salvo todavía.

-Creo que ya podemos salir.

-¿Por qué? ¿Piensas que haré algo contigo? ¡No soy un violador!- gritó ofendido.

-Lo sé… pero acabo de descubrir que soy claustrofóbica.- después de eso pensó:-mentira… estoy alterada… porque Hikaru tenerte tan cerca se me hace irreal.

-Ya voy…- se acomodó un poco para poder salir, abriendo la puerta. Pero antes de irse, se dio media vuelta y se acercó a Yoko, cerrando los ojos. Ella palideció entrando en un trance de nervios- Esto tampoco va dentro de las reglas de un príncipe…

Antes de tener cualquier conexión, Yoko inclinó la cabeza… deseando que aquello no pasara.

 

-Lo siento… -dijo Yoko apenada. Hikaru frotó de nuevo la ropa, mojada en agua. Pues accidentalmente Yoko vomitó sobre él… reacción del bebé- No fue mi intención. ¡Te dije que era claustrofóbica!

-No importa…- suspiró, realmente no estaba molesto pero si asqueado- Oye, ¿podemos cambiar algunas cosas? Digo… por lo menos hablarnos. Es decir, ¿sólo hablarnos cuando estemos en el apartamento?

-Eh… bueno está bien. –Dijo con dificultad, aceptando las condiciones de Hikaru- ¿Por qué? Porque arruino tu reputación. ¿No éramos amigos?- pensó enfadada.

 

La profesora Mckliney la llamó. Estaba preocupada y un poco enfadada con su mejor estudiante, Yoko. Entró con miedo a la habitación, presentándose ante la maestra. La mujer agarró una hoja de papel y comenzó a hablar.

-¿Qué te sucede? Me dejaste en blanco el examen. No respondiste ninguna, esa no eres tú…

-Lo siento profesora, pero últimamente no me puedo concentrar… además otros problemas…

-Mira, entiendo lo que te sucede pero no puedes dejar de lado tus estudios…. Lo arruinarás todo.

-Entiendo- dijo Yoko maduramente, se dedicaría más. – Dígame profesora, ¿cómo se siente ser madre?- preguntó inocentemente.

La mujer dejó el papel en la mesa y miró sorprendida a su estudiante.

-Bueno… yo no tengo hijos. No puedo tenerlos. Hace unos años ocurrió algo, una operación… y simplemente quedó la consecuencia.

-Eso es triste- contestó Yoko compartiendo la tensión en el ambiente.

-Sí… cuando veo a las madres con sus hijos en el parque, o en las tiendas complaciendo y riendo con ellos me destroza, haciéndome pensar ¿qué sería de mí si realmente hubiera tenido un lindo hijo? Y ahora… es más fácil tener hijos… niñas de tu edad…

Yoko guardó silencio. Escuchó detenidamente las opiniones de la profesora, sintiendo un gran dolor por dentro, recordando así a sus padres que simplemente la abandonaron.

Mientras estaban en la cocina y la sala, Yoko dio su opinión a toda voz:

-Quiero mantener el bebé.

Los chicos gritaron perplejos, dejando de lado sus acciones. Miraron asombrados a Yoko… aquello era impresionante. Después de ver sus rostros, la chica rió, dando la explicación.

-En un futuro puede pasar cualquier cosa y no conseguir hacer lo que cualquier persona desearía, cuidar de alguien. Por aquello, quiero aprovechar esta oportunidad que se me está dando, sé que soy muy joven aún pero lo único que quiero por ahorita es permitirle la felicidad a lo que pronto será un niño y permitirme a mí también sonreír.

-¡Yo te ayudo!- exclamaron Hikaru y Natsume como una sola voz. Yoko sonrió encantada, sin poder creer lo que los muchachos le decían- queremos ayudarte… a cuidar el bebé- explicó Hikaru. Junto con Natsume se mandaban miradas mutuas de querer asesinar al otro.

-Muchas gracias chicos- sonrió, aguantando las lágrimas. ¿Por qué llorar? Se preguntó dentro de ella misma… pues lógico, sentirse por primera vez apoyada desde el día de la gran noticia era algo conmovedor para ella. Y nunca se esperó que fuera de dos compañeros de clases… casualmente peculiares pero muy similares.

 

¿Qué tal? Después del crecimiento, ¿será verdad que Yoko se quedará con el bebé? Indeciso

El Pastel y ¿El inicio de una nueva amistad?

por Nasne
lunes, 04 de octubre del 2010 a las 12:41
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Capítulo 4

 

-Toma- le dijo Natsume a Yoko entregándole unos cuantos billetes.

-¿Qué son?

-Lo que me sobró de mi venta.

-¿Venta?-preguntó poco sorprendida.

-Sí, me gusta hacer pasteles y los vendos a las ancianas y fiestas de niños.

-¿En serio?- se veía un poco más emocionada, no conocía aquella parte de Natsu, el chico que no entraba en su mente, pues no le caía muy bien.

-Sí, ¿por qué? ¿Te gusta eso?- colocó su mano en la pared, al lado de la cabeza de Yoko, acorralándola. El rostro de la muchacha arrugó rápidamente, ese desprecio apareció en segundos.

-No gracias, puedes quedarte con tu dinero- se lo devolvió, cerrando el puño de Natsume, se escabulló, huyendo rápido del desagrado. Natsume suspiró, también era desagrado esa actitud de Yoko.

Era fin de semana. Pero el club tenía reunión, trabajando para la limpieza del salón. Al finalizar el día, Natsume se adelantó para la despedida, yéndose de primero a casa.

Al llegar, la mamá le mandó a comprar ciertas cosas necesarias, a lo que respondió su hijo con flojera.

-Pues si quieres alimentarte… ve a los basureros, hay bastantes niños que desperdician la comida.

Natsume arrugó el rostro. ¡Siempre su mamá ganándole en sus quejas!

Observó por la ventana el tiempo, ni muy cálido ni muy frío. Decidió llevarse una chaqueta por si acaso, ¡ah! Y una bufanda. Antes de irse, ya casi cerrando la puerta, de nuevo lo llaman, con la noticia de que Yoko lo acompañaría.

Al principio el recorrido fue silencioso y bastante incómodo con ambos. Yoko mirando a otro lado, y Natsume con las manos en el bolsillo.

-Y… ¿el bebé?

-Bien, enviándome a cada rato para el baño…- respondió secamente. Natsume supuso algo como aquello, pues guardó silencio, más del que había y continuó caminando.

Al salir por la puerta y adentrarse de nuevo en la acera, pequeñas gotas comenzaron a caer, creando así una pequeña llovizna. Yoko levantó  la mano, viendo como caían en su mano. Miró a Natsume sin saber qué hacer, ella no llevaba puesto ropa para el momento  y mucho menos sombrillas. Natsume sonrió de repente, estiró su chaqueta que le llegaba por las rodillas y con ella atrapó a Yoko, cubriéndola con la tela. Los muchachos rieron, pareció un ataque o intento de secuestro.

Corrieron con prisa, chapoteando en los charcos, hasta llegar cerca del edificio, por unos árboles de grandes copos que quizá podía ayudarlos con la fuerte lluvia.

-¿Qué dirá Kai?

-¿Kai?- preguntó sorprendido.

-Sí, es alguien muy querido para mí.

-Ah ya veo… es él el padre verdadero. Yo ya decía que no podía ser Hikaru.

-¿Cómo lo sabes?- preguntó apenada.

-Pues es lógico… esa mirada que pones cuando hablas de él. Pero déjame decirte que él sólo lo hizo por instinto ¿cuánto va a que no le has vuelto a ver?

-Bueno…

-¿Ves? Siempre sucede… yo que tu no me le hubiera entregado… - de pronto las palabras dejaron de salir de su boca. Recibió una inesperada bofetada por parte de Yoko. Natsume se quedó silencioso, aún manteniendo en su rostro una leve sonrisa.

-¡Kai no es así como dices! ¡Kai no es como los demás! ¡No es como tú!- se dio media vuelta y corrió hacia la puerta, cerrando con un golpe.

Natsume esfumó la sonrisa y miró el vacío… tal vez la puerta de la entrada del edificio.

-¿Cómo… yo?

 

Suspiró mientras observaba las cosas a su alrededor. Estaba con fatiga y con pocas ganas de estudiar o prestarle atención a  un profesor que no paraba de hablar. Miró la hoja multigrafiada en su mesa, ahí… delante de ella  y sin poder responder. Se le olvidó estudiar para el examen… o tal vez lo hizo pero su mente colapsó fallándole justo en ese momento.

Escribió la respuesta que más o menos se acercaba a la pregunta… pero entonces decidió que debía de haber otra. Trató de borrar pero su lápiz no tenía borra y lamentablemente le dobló un poco la hoja. Yoko suspiró y tiró el lápiz a un lado.

Una borra se acercó a ella. Volteó extrañada. Una muchacha con una coleta atrás y ojos negros y opacos le entregaba una borra.

-¿…?- guardó silencio antes de entender. La tomó y comenzó a borrar.

El timbre sonó. Yoko guardó varias cosas en su casillero. Dio un giro dirigiéndose al próximo salón. Vio a la misma muchacha de la borra en los bebederos.

-Oye… gracias- le dijo sonriente. La chica ladeó un poco los ojos, sin despegar los labios del chorrito de agua. -¿Megumi…no?

-Qué extraño que sepas mi nombre…- se limpió cualquier rastro de líquido y habló ásperamente.

-Bueno… debo aprenderme los nombres de mis compañeros de clases.

Megumi comenzó a caminar, yéndose lejos. Yoko suspiró… supuso que la muchacha la trataría así. Pues, ya todos lo hacían.

Entró a la cocina que había donde pocas veces los estudiantes la utilizaban. Tal vez cocinar la haría sentirse mejor, pensó. Sacó los implementos necesarios para preparar una torta y suspiró, observando con detenimiento cada uno de ellos. ¿Por dónde empezaría? Quería hacer una torta de limón… o de chocolate.

No duró más de un minuto y ya era un desastre. Las ganas de llorar y tirarse a una esquina le venían encima. La puerta se abrió, apareciendo Megumi… al parecer sólo llegó en busca de algo.

Se fue a los gabinetes, revisando uno por uno. Yoko continuó batiendo pero la clara no llegaba hasta el punto de suspiro. ¡Qué desperdicio! Gritó en su mente.

-No estás batiendo con la fuerza suficiente. – dijo Megumi, observando en silencio.

-¿Eh?

-Además… no agarras la paleta con fuerzas, no te va a morder…

-Oh- dijo sonriendo lentamente. -¿Así?- le mostró. Megumi se acercó, queriendo ayudar. Más bien, se dejó llevar. ¡Alguien no podía hacer tales desastres como ella!

-¿Limón o chocolate?

-No sé…

-¿Qué tal los dos?- mencionó como una excelente idea. Yoko sonrió encantada. Ella se encargaría de rayar ambas cosas mientras Megumi batía para no perder el ritmo.

Dejaron de lado la seriedad, comenzando así risas y juegos. Yoko lanzaba harina y como venganza Megumi le tiraba huevos en la cabeza.

-…¿Por qué me ayudas? He sido mala contigo.

-No importa… ya es suficiente con lo que te sucede a ti.

-Sí…- se llevó la mano a la barriga, mirando con ojos entristecidos el suelo.

-¿Y el padre?

-No lo he visto últimamente, ¡conociendo a Kai se va a emocionar bastante!- rió recordando lo maravilloso que era él- ¿Sabes? Nunca he hablado contigo… me caes bien. ¡Ya sé! – se postró en el frente mostrando su mano con rigidez. Megumi la miró extrañada y confundida. – Soy Sugimoto Yoko, un placer compañera de clases.

-Yai Megumi. Igual.

Comenzaron a reír… había de admitir que se hacía chistoso la escena. De pronto la puerta se abrió, apareciendo Natsume con una expresión neutra. Guardó silencio al ver la suciedad en todas partes… y de ver a Yoko. No la había visto desde la tarde anterior.

Yoko desvió la mirada a otro lado irritada. Megumi respondió igual. Lo que extrañó… ¿Por qué visitar aquél salón?

-¿Haciendo torta?- preguntó curioso.

-Ajá…- respondió Yoko arrogante.

-¿Puedo ayudar?

-Ya terminamos…

-¿Es esa la torta que se está quemando?- señaló el horno. Las chicas exaltaron, sacando con prisa el objeto del horno. Llegaron a la raya… un minuto más y se hubiera dañado por completo el trabajo. Natsume comenzó a reírse, conteniendo las carcajadas.

Se acercó a ellas, queriendo participar.

Al poco momento comenzaron los tres juntos a hacer galletas de todos los sabores y jugando con los colorantes. Megumi se dio cuenta que el Natsume que estaba con ellas… seguía siendo un engreído y arrogante, pero con un toque de diversión y amabilidad. Aparte… de bastante cooperación, además… ¿quién se esperaría que fuera tan buen cocinero y pastelero?

-No sabía que sabías hacer pasteles.

-Es algo de pequeño. Siempre cuando mi mamá necesitaba trabajar, me dejaba con mi abuela. Le observaba cada vez que preparaba sus dulces, y fue de ahí donde nació mi amor.

-Qué dulce…- susurró Yoko encantada por esa parte de Natsume. El muchacho la miró… aquella sonrisa delicada. Rió apenado, tratando de cambiar el ambiente con cualquier comentario arrogante.

-¿Pero por qué lo ocultas? Conseguirías mucho con ese don y pasión que tienes- le menciona Megumi.

Natsu guardó silencio, haciéndose la misma pregunta. ¿Por la reputación? ¿Por el hecho de ser admirado? ¿Por estar en un Club famoso? ¿Por las chicas? ¿Qué pensarían de él?

-¡Está listo!- exclamó Yoko sacando la bandeja del horno. Las galletas se veían crujientes y bien cocidas. Cada uno esperó a que terminaran para luego tomarla y comer con gusto.

¡A la cuenta de uno… dos… tres!

Tomaron las galletas de la bandeja aún calientes, ¿qué se puede decir? Eran irresistibles.

Comenzaron a chillar mientras las mantenían en sus manos, quemándose. Después con un mordisco, las devoraron con mucho gusto.

-Por supuesto que fue gracias a mí.- dijo burlón Natsume después de disfrutar el banquete de frutas.

-¡Échenlo!- gritaron Megumi y Yoko entre risas.

Dejaron los delantales. Tomaron caminos distintos para los casilleros a sacar sus zapatos y terminar de recoger los cuadernos del día… necesitaban irse.

En la entrada del instituto estaba Natsume esperando a Yoko. Como un rápido recuerdo le vino a la mente aquellos días donde Kai la esperaba en ese mismo muro, apoyado en una pierna, con las manos en el bolsillo. Él era de otro instituto y en el último año de preparatoria, acercándose a la universidad, pero no impedía verse con Yoko.

-¿Qué sucede? No me puedo quedar todo el día… hace frío- vociferó Natsume con su voz chillona, despertando a la chica de sus recuerdos.

-Oye… lamento lo del día anterior. Me dejo llevar.

-No me disculpo de igual forma- levantó los hombros. Yoko arrugó el rostro, típico en él. Corrió unos pacitos más allá y se postró enfrente de él.

-¡Te odio maldito Natsume!- se inclinó, estando a pocos centímetros de la mejilla de Natsume sin embargo no realizó la acción que él se esperaba, un simple beso. Sacó la lengua y se fue corriendo como una niñita.

Natsume sacó una leve sonrisa, sonrojándose.  

Los nuevos Cuidadores

por Nasne
viernes, 01 de octubre del 2010 a las 15:50
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Capítulo 3

 

 

-No puedo hacer esto…- dijo deteniéndolo.

-¿Por qué?- se levantó, observando con detenimiento.

-Porque… tengo quince… y tu diecisiete. No podemos hacer esto.

-En el amor no hay límites de edad.

-Espera…. ¿qué hay sobre la protección?

-Yo ya lo tengo arreglado.

Una mano tocó su hombro. Yoko regresó del pensamiento llamado recuerdo, volteó tratando de quitarse las gotas acumuladas en sus ojos. La madre de Natsu la llamaba para que pasara a sentarse. Estaba lloviendo afuera, no había mucho que observar o hacer.

-Por ahorita no hay muchas habitaciones libres… sólo la de huéspedes que utilicé como lugar de trabajo.

-¿Ah? Trabaja. ¿En qué?

-Lencería. –le tocó la mano superficialmente, y miró con ojos destellantes a Yoko. Esta hizo lo mismo, apretando con fuerza pero con dulzura la mano de la mujer. –Cariño… no te preocupes que poco a poco vas a conseguir soluciones y la felicidad de vuelta.

La puerta se escuchó. Alguien entraba. Yoko estaba confundida, se suponía que Natsume estaba en la cocina, preparando su propia cena. La mujer se levantó del mueble, llamando con emoción al recién llegado.

-Lo lamento… es que este jovencito practicaba en media tormenta de lluvia.

Yoko se levantó del mueble de la sala, no quería ser entrometida, pero daba curiosidad.

-¡Ah! ¡Cariño! Tengo una noticia. Hoy en la tarde Natsume trajo una compañera de clases…. ¡Pasa Yoko!- gritó la mujer desde la entrada. Como orden inmediata, Yoko comenzó a caminar hasta divisar varias personas. Se quedó silenciosa, perpleja de lo que veía ante sus ojos. – Este es Hikaru, de seguro no lo conoces.

 

-¿Por qué no me dijiste?

-¡¿Decirte qué?! Si siempre andas pendiente de Kai, lo único que prestas atención es la vida de él.- gritó enfadado, aquello se salía de la elegancia de Hikaru.

-Oh… lo lamento. – Yoko guardó silencio, sintiéndose mal por aquello, nunca se había dado cuenta del error que cometía. – Bueno… ¿cuál es la historia?

-Mi madre murió… su padre murió…. Y un día en una reunión de estudiantes ambos se conocieron, “fue amor a primera vista” y han permanecido así desde hace un año…. Y ahora estoy viviendo con aquél monstruo. – explicó mientras se secaba el cabello.

-¿No te agrada Natsume?

-¿A quién sí?- preguntó irónico.

Yoko guardó silencio.

La verdad, ambos muchachos eran únicos. Hikaru era arrogante y bastante ignorante, creyendo en la refinura que su familia había mantenido por años. No soportaba esperar. Estar de último y cuando le daban sus ataques se nombraba así mismo “Rey”. Pero pues claro que con Yoko no se comportaba así, pero había de sus momentos.  Y Natsume, igualito pero duplicado, ninguno de los dos llevaba una relación muy buena.

-Entonces se convertirán en hermanastros…

-¡¿Qué?! ¡Eso nunca pasará!- gritó Hikaru tirando la toalla a otro lado.

-Pero se ve que se llevan muy bien, que se aman tu padre y la mamá de él.

Hikaru chistó los dientes, se dio media vuelta y salió de la habitación, dejando en la soledad a Yoko. La chica suspiró, entendía esos problemas de no caer muy bien con ciertas personas, pero ambos muchachos se lo tomaban muy a pecho. Era montar la cruz totalmente.

 

Natsu entró poderoso a la sala. Abrió las puertas y caminó con elegancia, como le enseñaron en Inglaterra. Llamó a ver si había alguien, no obtuvo respuesta, de nuevo se sintió orgulloso de ser el primero, siempre puntual.

Pero no fue así, escuchó sonidos en la parte trasera. Se acercó dudoso, llegando al lugar de la piscina.

Alguien practicaba, nadando de esquina a esquina. Tocando los muros y regresando. Iba rápido. Natsume se colocó en la orilla, cruzado de brazos, esperando al que nadador sacara su cabeza a la superficie.

-Natsume- dijo al verlo parado con indiferencia. - ¿Molesto porque manché tu perfecto historial de llegar de primero?- rió con burla. Apoyó sus manos en el piso y con un salto logró salir del agua, agarró una toalla y comenzó a secarse. –Dime, ¿por qué llegaste tarde?

-¡No llegué tarde! Tuve tráfico en el baño de mi casa- dijo molesto por su comentario. En la mañana, Yoko tomó de primera el baño, creando así dos minutos de retraso para el muchacho.

Se quitó las gafas para ver debajo del agua, y luego el gorro de la cabeza, dejando ver unos hermosos cabellos rizados de color amarillo parecido a la arena. Era una chica.

Caminó hacia una puerta  blanca, hablando con Natsume. Luego de pocos minutos salió arreglándose el pañuelo en su cuello de color rojo. Luego las mangas de su chaqueta color chocolate.

-Hay trabajo que hacer. ¿En dónde está Hikaru?

- No sé…. No me interesa lo que haga. – se dirigieron a la mesa central para comenzar a leer el papeleo, es decir quejas escritas por los estudiantes y profesores, su deber del día leerlas todas y buscar solución para sacar sonrisas satisfechas a los intrigantes del instituto.  

 

-¡Qué fastidio tener que caminar!- exclamó Yoko, cargando con su mochila detrás de la espalda y dando pasos lentos, recibiendo el Sol con fuertes rayos de luz. Hacía calor, iban a media primavera. Hikaru iba a su lado, manteniendo un simple silencio, adentrado en sus pensamientos.

-¿Por qué debería de estar nervioso? No es como si me importara que Yoko le conociera… pero sé que se trae entre manos un plan malo. Tal vez se aproveche de que ella esté esperando un bebé… Un bebé…- volteó la mirada a ella que no paraba de quejarse. Quería que Yoko se olvidara de Kai quien la abandonó para enterarse de los buenos sentimientos de Hikaru que sólo guardaba para ella.

-¿Sucede algo?... no me digas, ¿Se nota tanto?- preguntó nerviosa al ver la fija mirada. Se tapó la barriga con las manos.

-¿Eh? No… no es eso.- despertó de sus pensamientos y regresó la vista al frente.

-¿No te da flojera caminar tanto todos los días? Siento que romperé fuente si sigo así. Consigue una bicicleta, sería más fácil.

Hikaru ladeó el ojo a verla de lado, regresó la mirada al frente sin perder el aura de silencio.

-Estoy acostumbrado.

-Uh…- sacó un suspiró y decidió dejar de quejarse, no es como si un carro saliera de pronto preguntándole si quería ir manejando a la escuela.

 

Revisó el papel, se tiró a la pared, cerrando los ojos y suspirando profundo. Los gastos de su cita médica para la ecografía se elevaban a los cielos y ella no tenía el dinero para pagarlo. Estaba  frustrada sin saber qué hacer. Una muchacha se acercó a ella, con su uniforme impecable, con los flecos de la falda simétricamente hechos, con la camisa por dentro y la chaqueta abotonada hasta la mitad del pecho donde dejaba exhibir su pañuelo planchado y bien lavado. De seguro perteneciente al Club Rose’s.

-Hola.

-¿Hola…?- Yoko se erguió sorprendida, si acaso la conocía.

-Soy Yamamoto Chizuka. ¿Y tú Sugimoto Yoko no?

-Eh sí… mucho gusto- acercó su mano para estrecharla, pero la de Chizuka se escabulló rápidamente, la dueña se la llevó hacia atrás mirando sonriente a Yoko. Esta le miró enojada, otra engreída como los eran del Club.

-¿Conoces a Hikaru?

-S-sí. ¿Se metió en problemas?

-No es por nada, pero Hikaru es mío. Quita tu mirada sobre él.

-¿Eh? – Yoko aguantó la carcajada- Yo no… aja… (Risas) sólo lo conozco por un pequeño encuentro en el auditorio además esta- estaba a punto de hablar en presente cuando se acordó de su problema- estábamos en juntos en la práctica de tenis.

-¡Oh!- sonrió de nuevo- entonces si es así, no hay problemas… ah… olvida que hablé contigo.

Yoko suspiró de nuevo al ver que se alejaba, había gente de gente en su instituto, y por aquello no quería entrar en el Club, ¿para convertirse en una engreída y descalificar a sus compañeros? Mejor no.

Marcó el número, repicó muchas veces pero al final cayó la contestadora. Cerró el móvil rindiéndose. Si ya lo había intentado muchas veces, ¿por qué funcionaría ahora? Se preguntó en su mente. Trató de llamar a Kai, a ver si conseguía saber de él… pues aún dentro de ella gobernaba el dolor de que no se presentó en un día tan importante. Aún así cuando lo prometió. Recogió sus cosas y se adentró al instituto, estaba en el patio durante la hora libre. Caminó por los pasillos cargando sus libros con una mano y esperando en la otra una llamada de vuelta por parte de Kai.

Fue una gota de esperanza en vano, nunca recibió nada de vuelta. Sacó el papel de entre uno de los cuadernos, observando los ceros detrás del número cinco, como hubiera deseado tener esa cantidad en alguna vez de su vida.

-¿Sucede algo con esa cara larga?- preguntó Natsume apareciendo por detrás. Yoko pegó un brinquito del susto, ladeó el rostro, no prestaba mucha atención a su pregunta. Antes de continuar caminando, Natsume agarró el papel en sus manos.

-¡Oye!- gritó enfadada, tratando de quitarle el papel.

-Uh… muchos ceros. – dijo burlón. Yoko alzó su brazo tratando de agarrarlo, pero era en vano, el brazo de Natsu estaba más arriba. –Que difícil está ir al médico en estos días- sujetó la barbilla de Yoko obligándola a verlo.

-¡No es de tu incumbencia! Desaparece de mí vista engreído “Príncipe”- gritó enfadado apartando su limpia mano de su cara.

-¡Después de que te di mi casa, Virgen María concebida por el Espíritu Santo! – gritó con fuerzas haciendo que el resto escuchara. Yoko se detuvo con un frenazo, apretó con fuerzas el papel y se apresuró al caminar, pasando por las miradas y risitas de los demás muchachos y estudiantes del pasillo.

 

El viento pegaba fuerte. Sólo se escuchaba las pelotas ser pegadas y los pequeños chillidos que sacaban los jugadores. Yoko observaba en las gradas de la cancha, viendo como los demás practicaban tenis.

Hikaru caminó subiendo las escaleras, llegando a su lado.

-Te estás torturando a ti misma. Viendo esto- dijo serio al ver el masoquismo de su amiga. Yoko le entregó un sobre sin despegar la mirada del frente. Hikaru lo miró con extrañes, agarró el objeto y la leyó superficial. -¿Qué es?

-La factura de mi cita del médico. La de la semana pasada, ¿te acuerdas? A la que querías ir pero no te dejé.

-¿Qué tiene que ver?

-¿No querías ser el padre? Ahí tienes.

-Pero… ¿me vas a utilizar para pagar sus gastos?

-No son gastos míos, son gastos del bebé. Por cierto es varón.

-Pero…. – guardó silencio y luego sonrió encantado- ¿En serio? Pero no ha crecido lo suficiente como para saber su sexo.

-Es una suposición dijo el doctor. Y esta es la primera cita.

-¡Ya va! ¡Espera! ¡Detén esto!- gritó enfadado mientras se paraba del asiento. Yoko lo miró extrañada, no era común verlo salir de sus casillas.  –Despierta de esto… Yoko tú no eres así… pareces una mandona sin sentimientos irritada por todo… ¡como Chizuka! Yo quiero ayudar a la verdadera Yoko… yo simplemente no te soporto. ¡Y no voy a dar ni un medio de dinero para esa estúpida cita! ¡Se acabó! ¡Conmigo no cuentes!- tiró el papel a  un lado y se fue saltando algunos escalones. Yoko retuvo las lágrimas, suspirando, sintiéndose herida por los comentarios.

Terminaron de leer. Cien papeles, cien quejas, y toda la mañana perdida, incluyendo la mitad de la tarde. Los integrantes estaban exhaustos. Hikaru se apoyó en el respaldar de su asiento, mirando las grandes plantas que rodeaban la mesa central.

-¿Ya estás cansado?- le preguntó Natsu mientras comía su pastel de zanahoria.

-No te importa- se levantó, listo para irse. Chizuka le observó alejarse mientras se mordía el labio inferior, preocupada por él.

Terminó de arreglar las cosas en la sala. Le pidieron recoger algunas cosas en el cuarto de desechos, donde dejaban cosas usadas y herramientas. Caminó hasta ver a Yoko sentada.

Se acercó por detrás. Yoko lloraba en silencio, con cachetes colorados y nariz enrojecida. Botó un gemido de dolor cortando las lágrimas al cerrar los ojos. Volteó al sentir la presencia, detrás estaba Hikaru cogiendo algunos manteles, tratando de no prestarle atención (aparentando).

-Tienes razón, me equivoqué. ¿En qué me he convertido? Es que… estoy tan frustrada que….- no paraba de llorar. Hikaru soltó las telas, escuchando con detenimiento el hilo de voz de Yoko. –No te mereces esto… Todo esto me tiene irritada, aún no estoy mentalizada pensando que tengo un bebé…. Me echaron de mi casa y tengo que soportar las nauseas y los antojos ridículos. Soy totalmente una persona insoportable…. ¿me disculpas?- se dio media vuelta, mirando con ojos brillantes a Hikaru. El muchacho se sintió conmovido, sintió aquél vacío dentro de su barriga, se sentía culpable por poner en aquél estado a su amiga.

-Estoy viendo la manera en cómo puedo conseguir más dinero… le dije a mi papá que tal vez pueda ir en busca de trabajo. – dijo cambiando de tema. Yoko se refregó el rostro sonriendo alegre.

-Eso es tan dulce….- sonrió irónica, era extraño en Hikaru actuar de tal manera.

 

Estaban sentados en el mesón de la cocina, iluminados por las pequeñas lámparas en el pedazo de madera que salía del mesón de granito. Yoko tenía en sus manos un vaso con jugo, sosteniéndolo con las manos cubiertas de su camisa de mangas largas. Hikaru estaba en la silla de al lado, con la mano apoyada en su cachete y mirando con indiferencia el vacío.

-¿Cómo crees que esté Kai? Hoy traté de llamarlo pero no atendió. ¿Estará molesto conmigo?- preguntó Yoko tomando rubor en el rostro. Hikaru despegó la mano de su cachete dejando la marca enrojecida de la presión puesta en su cara. Desvió sus ojos entristecido al escuchar el nombre del muchacho.

-¿Por qué estaría molesto…? – le siguió la conversación.

-Pues… no sé. – comenzó a hablar sobre la semana antepasada donde Kai le prometió aparecer con un ramo de flores si ella sacaba la mejor de todas las notas, pues sabía que era buena estudiante y fueron muchos meses acompañándola a estudiar. Se veía emocionada, haciendo sonidos y expresiones faciales, mostrando siempre una gran sonrisa.

Hikaru simulaba una sonrisa, pero poca atención prestaba a la conversación monologa de Yoko.

-Me molesta cuando me hablan de ese sujeto… le conozco desde hace unos cuantos años. Me desagrada y más por hacer sufrir a Yoko, pero ella se ve feliz hablando de él. Contándome siempre lo que le dice, cuantos besos le da… cuantos abrazos… cada salida de ellos dos juntos. Pero si la hace feliz, lo soporto por ella.

La nueva Casa para Yoko

por Nasne
viernes, 01 de octubre del 2010 a las 15:26
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Capítulo 2

 

Yoko suspiró, adentrándose al instituto. Caminó por los pasillos con lentitud, como acostumbraba. Empezó a notar que las personas se reunían con otras, murmuraban y reían. Yoko se sentía incómoda, pero de seguro era algo con su ropa del uniforme.

Terminó de colocarse los zapatos correctamente, una mano se posó al lado, cerrando la puerta del casillero. Yoko levantó la mirada, encontrándose con Hikaru.

-¿Cómo estás?

-¿Cómo crees que estoy?- dijo irritada. Se dio media vuelta, ignorándolo, no se sentía de ganas para conversar con alguien.

-Oye… quería decirte algo- se puso adelante, interrumpiendo su paso. – tal vez… quiero ser el padre.

-¿Huh? Estoy casi segura que es de Kai… y aunque no he hablado con él después de los resultados… me iré al médico, al hospital y a la tumba, jurando que es de él y sólo de Kai.

-Pero… ya no está aquí. Entonces quisiera cuidarlo, contigo.

-¿Estás bromeando? Este bebé está arruinando mi vida… no puedo mantenerlo. Aparte, me echaron de mi casa, ¿dónde crees que me voy a quedar?

-¿Planeas abor…?- preguntó indignado, Yoko le miró aun más irritada ¿quién  creía que era ella para hacerlo? -Bueno… puedes…- la campana sonó, Yoko aprovechó aquella excelente oportunidad y se fue caminando con pasos apresurados. Hikaru enfureció, pateando la pared.

Recogió la carpeta que le fue entregada. Debía de llevarla a su destino. Le pareció una buena idea, nunca había ido a aquella edificación, caminó buscando una pequeña casa extensa con ventanas de vidrios coloridos y rosales alrededor. Se tardó un poco, es más, estaba bastante alejado de donde recibía clases.

Llegó a dos grandes puertas. Las abrió con dificultad. Caminó hacia adentro. El eco resonó en todo el lugar. Una pequeña luz destelló desde la entrada.

-¿Buenas?- preguntó indiferente.

-Buenos días. – escuchó una voz que opacó la suya. Yoko sonrió levemente, caminó hacia el centro del salón en busca de alguien.

Un muchacho bebía de una taza delicada, cruzado de piernas, al lado reposaba una mesa pequeña con la tetera y una bandeja de bocadillos, al parecer hechos a mano. Abrió los ojos, aquellos ojos grandes que mostraban un verde puro sacado de la selva.

-Hola… eh… soy…

-Yoko, ¿la embarazada no?

-¿Eh?- se quedó perpleja.

-Sí, todo el instituto lo sabe, además pareces una gorda con problemas de autoestima tratando de parecer delgada- Yoko bajó la mirada a su barriga, apenas llevaba unas cuantas semanas, no podía ser que se aparentaba tanto. – Soy Natsu- dejó la taza en la pequeña mesa de vidrio con un mantel amarillo. Presentó su mano enfrente de Yoko- de Natsume, pero no me gusta ese nombre. Suena de pobre.  

-Yoko…- la aceptó un poco sorprendida.

-Sí lo sé… ya lo dije antes, además soy el Presidente del instituto, debí de aprenderme los nombres de todos en esta escuela… aún de los que no me importa- miró el suelo mostrando arrogancia. Yoko arrugó el entrecejo, aquél muchacho no caía muy bien. – Oh- volvió a la sonrisa de príncipe- Gracias- agarró la carpeta que ella cargaba flojeando en una mano.

Yoko se dio media vuelta, aún impresionada por la frase mencionada del muchacho.

-Cierra al salir – dijo sin despegar la vista de los del documento de la carpeta. Yoko cerró la puerta como se lo indicaron, quedando a solas el muchacho. Natsume cerró la carpeta con un golpe, se llevó la punta a la barbilla y sonrió satisfecho.

Aparecieron pasos atrás. Parándose por detrás. Natsu no se molestó en voltear, cualquiera no era importante, lanzó la carpeta a la mesa y continuó bebiendo.

Hikaru cruzó de brazos, se dio media vuelta, desapareciendo por donde entró.

 

-Este instituto es famoso por su club, llamado Club Rose’s. Cinco jóvenes de todos los años están adentro, cada dos años más o menos cambian de integrantes, sólo dos jóvenes han permanecido más de cuatro años. Hikaru… y ese tal Natsume. Anteriormente… mis padres querían que quedara adentro, pues es un gran “orgullo”, yo sólo lo veo como una manera de quitarte tu tiempo libre. De seguro tienen muchas actividades aburridas. Ellos estudian lejos de nosotros, pues son “genios”. ¡Vaya manera de descalificar los alumnos!- comentaba Yoko dentro de su mente mientras recogía sus cosas para irse del instituto, ¿a dónde? Ni la menor idea.

-Escuché que hay un ladrón entre los salones- se volvió a escuchar una voz, pero familiar para Yoko. Giró el rostro en busca desde el punto en donde se dio a escuchar las palabras. Natsu estaba en la puerta, apoyado con sus brazos cruzados. Con aquél uniforme impecable. La chaqueta marrón, su camisa abajo dentro del pantalón negro que llegaba hasta los pies, y su pañuelo en el cuello, pero la diferencia de los hombres es que la llevaban en forma de corbata.

-Ah… no escuché de eso- dijo indiferente, a plena vista Natsume no era de su agrado, pocas veces habló con él… si acaso le miró caminar por las calles. No aguantó la curiosidad y se dirigió a él con indiscreción. -¿Cómo que todo el instituto lo sabe?

-Bueno… alguien escuchó mientras se daba una charla con la profesora de idiomas.

Yoko enfureció… por culpa de Hikaru la vergüenza se extendió a todos. ¡Con razón las miradas y burlas en todo el día!

-Búrlate- dijo colocándose la mochila.

-Ya lo hice… no veo necesidad de repetirlo- dijo admitiendo su crueldad, Natsu era de aquellas personas que no tenían disimulo en sus palabras y mucho menos dulzura. Cuando tiene la oportunidad se burla de las personas, con crueldad… aunque a veces siente arrepentimiento. Sin embargo, era tomado como un príncipe entre las chicas y un dios para los chicos. Yoko suspiró tratando de aguantar las lágrimas. Natsume vio como se acercaba poco a poco, antes de que saliera del salón le colocó una rosa en el cabello, deteniéndola. – Escuché que te echaron de tu casa.

-¿Cómo…

-…¿lo sé? Las paredes no son tan gruesas es fácil enterarse de las cosas. ¿Qué tal? Puedes quedarte en mi casa.

-¿Qué? Oye discúlpame, apenas estamos hablando… sé que estás en mi mismo año pero en una clase distinta y hoy fue nuestra primera “charla” formal… si así se puede llamar… Eres un total desconocido y yo igual para ti, ¿por qué darle esa confianza a alguien que de seguro te estás burlando por dentro?

-¿Es lo que hacen los príncipes no? –preguntó burlón.

-…- Yoko estaba dudosa. Pero no perdería nada… total, él era apuesto, y necesitaba una casa, si se ofrecía de tal manera, no podía resistirse, pero antes de todo preguntó lo necesario-¿En dónde vives? ¿Casa o edificio? ¿Madre o padre disponibles en casa? ¿Horarios? ¿Tipo de cultura? Lo más importante ¿Hermanos?

-En la 500 Calle Hana. Edificio. Mi padre murió así queda mi padre y ahorita está de viaje, vuelve el martes de la próxima semana. De siete a la diez de la noche se mantienen las luces prendidas en la casa. Eh… ¿japonés, no es aquí en donde vivimos? Y creo que no tengo.

 Yoko no lo vio como mala idea. Asintió con una sonrisa.

 

La madre recogía la ropa de la lavadora. Exclamando entre gritos y regaños para su hijo.

-¡Natsume te he dicho millones de veces que desdobles tus medias! Dios este muchacho nunca entiende… -guardó silencio al verlo bajar las escaleras con Yoko detrás, reteniendo las lágrimas.

En un Principio

por Nasne
miércoles, 29 de septiembre del 2010 a las 01:00
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I

La Historia se llama: I'll Keep My Baby

Capítulo 1

 

Se acercó a observar un poco la cartelera aunque era imposible para ella. Alzó la cabeza, no veía nada. Tuvo que empujar las personas para alcanzarlo. Divisó el número dos.

¡Buena noticia!

Entró entre los mejores. Pegó un brinquito emocionado por dentro. Se dirigió a la entrada del instituto y esperó cumpliendo la promesa.

-Mi sueño de toda la vida ha sido ser alguien famoso, ya sea por el canto o por la actuación aunque no canto muy bien. Mi meta de todas las mañanas, me ayuda a seguir hacia adelante es quedar entre los mejores del instituto, eso es un gran paso. Mi novio me prometió estar en este día esperándome en la entrada del instituto, gracias a él lo conseguí.

Pasaron veinte minutos, y no le vio pasar. Supuso que algo debió suceder en el camino que retardó su llegada. Su novio era de otra escuela, a dos cuadras más allá. Mantuvo paciencia, sabía que llegaría en cualquier momento.

-Mi nombre… Sugimoto Yoko, va a estar en cualquier lado de la ciudad y luego en el resto del mundo. – abrió los ojos, despertando de sus pensamientos. Vio a una persona enfrente de ella, mirándola sorprendido. -¿Ah?

-¿Qué haces en este lugar Sugimoto?

-¿Presidente?

-Ya todos se fueron…

-¿Qué hora es… por casualidad?- preguntó temerosa.

-Son las cuatro de la tarde. Acabo de salir de una reunión del Consejo Estudiantil.

-Oh… entiendo- entristeció al ver que tan tarde se había hecho y aún no aparecía su pareja.

-Regresa pronto a tu casa- le indicó colocando su mano en el hombro de Yoko. Corrió con prisa, desapareciendo a lo lejos. Yoko suspiró profundo, bueno lo vería en otro momento…

 

Se hizo de día, apareció el día siguiente. Aún Yoko no recibía noticias de su pareja… bueno no eran pareja realmente, ella estaba enamorada desde hacía dos años y creía que él sentía algo por el estilo. Caminó titubeante entre los pasillos.

-¡Yoko! ¡Hey! ¡Yoko! ¿Por qué no has…?- un muchacho con el cabello castaño yendo más hacia el amarillo se acercó a ella sonriente, ya queriendo hablar. La vio voltearse con los ojos llenos de agua. -¿Qué pasó?

-Estoy embarazada- dijo dejando salir las lágrimas, el muchacho se quedó en blanco, todas las palabras a su alrededor desaparecieron, apareciendo sólo las últimas palabras nombradas por Yoko. –Ayer noté que algo andaba mal…. Entonces…- la voz de Yoko se alejaba cada vez más, los oídos se bloquearon y sólo apareció una palabra en su mente.

-… ¿Mío?- preguntó dudoso- pero nosotros… no hemos…

-¡No! ¿Cómo crees? (Por unos instantes sacó algo parecido a una sonrisa y por parte de Hikaru una mala cara… aunque todo se esfumó en cuestión de segundos) – se acercó a su pecho y se dejó llevar por la tristeza. -¡No sé ni siquiera de quién es! ¡Hikaru!

El muchacho miró la pared, tragando saliva con dificultad, la noticia fue sorprendente.

-¡Uno, dos tres… y paso!- indicó la profesora- Está bien chicos, descansen, eso fue patético. – estuvo a punto de sentarse en su escritorio cuando vio a Hikaru aparecer por la puerta, un poco dudoso. – Hola amigo, ¿qué pasa? ¿Cómo siguen tus heridas?- preguntó burlona, tratando de imitar el lenguaje de los estudiantes, y lo siguiente se debió a que repentinamente apareció el día anterior con un brazo enyesado y algunas heridas en el rostro, moretones y leves quemaduras… ¡Muy extraño! Pero aunque preguntaron, no dio explicación alguna. Sin embargo la profesora detuvo las risas al ver el estado en blanco de Hikaru.

- La conocí hace dos años…. Mientras cantaba apasionado en el auditorio de la escuela, en aquellos momentos que el deporte no se interponía en mi vida y ninguna otra actividad. Y en aquellos momentos donde uno dice: Oh God… trágame tierra.

….Dos años atrás….

 

- Sometimes in our lives we all have pain
We all have sorrow
But if we are wise
We know that there's always tomorrow

Lean on me, when you're not strong
And I'll be your friend
I'll help you carry on
For it won't be long
'Til I'm gonna need
Somebody to lean on

 

-Wow, cantas muy bien.- Yoko se acercó por la puerta de salida. Hikaru soltó el micrófono dejando que se cayera al suelo, tropezó con algunas cajas y se enredó con los cables.

-Oh... Pues no sé a qué te refieres.

-¿Qué? ¿Por qué escondes tal talento? Amigo si soy tú salgo al mundo a relucir.

-Pues…

-Soy Yoko.

-Hikaru…

-Por fin hablamos formalmente- rió- Bueno, piénsalo Hikaru, adiós adiós.

-Pero…- Hikaru lo conversaba con su profesora de matemáticas, con la que llevaba mejor tacto. La mujer leía en su escritorio, corrigiendo los exámenes del día pasado.

-Bueno, ¿qué piensas hacer? ¿La apoyarás?- no despegó la vista de sus hojas multigrafiadas. Hikaru se pasó las manos por los brazos refregándolos, realmente ni sabía que pensar. -¿Seguro que no es tuyo?

-No… digo…. He estado en su casa y hemos sido buenos amigos pero no hemos llegado a ese punto… -miró el techo, pensando que hacer– Creo que la apoyaré.

-¿Sus padres lo saben?

-Le dije lo mismo y me respondió negativo… pero ¿sabes? Yo quiero que ellos sepan, así podrán ayudarla.

La puerta del salón fue abierta siendo tocada al mismo tiempo. El mismo chico del día anterior, el Presidente de la clase se apareció. Miró de reojo a Hikaru, pasó de largo, le susurró unas cosas al oído de la profesora y se fue caminando con lentitud. La mujer comenzó a recoger sus cosas, los papeles, bolígrafos en rojo, discos de música y demás. Se despidió de Hikaru dándole un consejo, y salió de la habitación.

 Estaban reunidos en la sala, en el gran comedor, sonriendo forzosamente y guardando un silencio incómodo. La madre sonrió, el padre agarró una copa de vino y se levantó del asiento. Yoko tragó con fuerzas saliva y miró a otro lado.

-Por mi querida hija…- tomó su trago y sonrió mostrando los impecables dientes.

La mujer agarró la mano de Yoko y la presionó con fuerzas sonriendo con dulzura. Yoko mostró algo por el estilo… asustada e incómoda.

-Cuéntame, ¿cómo anda Hikaru?  (El padre)

-Deberíamos invitarlo. (La madre)

-… Creo que está ocupado…- sonrió nerviosa.

-¡Oh! Verdad que está en el equipo de tenis y de futbol. Ni hablar del equipo de básquet pero la temporada está a punto de terminar.

-¿En serio?- preguntó el padre interesado.- ya está decidido, lo invitaremos para el sábado, va a cenar con nosotros, ese jovencito me recuerda en mis días de la preparatoria.

Yoko volvió a sonreír, pidió retirarse de la mesa y caminó noqueada a su cuarto, las cosas no podían andar peor.

 -¡¿Le contaste a la profesora Mckliney?!- preguntó furiosa mientras arrastraba a Hikaru a una esquina. - ¡Se supone que te lo dije a ti para que guardaras el secreto!

-Lo sé… pero es que me sentía atrapado, necesitaba ayuda de alguien, ¿además no debiste contárselo a Kai?

-Bueno… no lo he visto desde el día de los resultados de los exámenes de ingresos. – respondió entristecida. Hikaru llevó los ojos en blanco, aclaró que debía volver a su práctica y se fue caminando con fuerzas. Yoko se encogió de brazos, mordiéndose el labio… caminó en dirección contraria.

Se sentó en las gradas, viendo como los chicos jugaban su partido. Por supuesto no entendía como lograban atrapar la pelota en instantes y lograr hacer goles. El viento pegaba fuerte, Yoko suspiró nostálgica.

Hikaru la vio sentada, sonrojó un poco, permitiendo que le quitaran la pelota y le metieran gol a su equipo.

De nuevo había silencio en la sala, en el gran comedor cubierto por un mantel largo y blanco con flores dibujadas. Las luces estaban prendidas, hermosas como estrellas. Yoko sonrió levemente mientras tomaba su vaso de jugo. La madre le sonrió a Hikaru, el invitado de la noche.

-¿Entonces? Ganador de tres años seguidos. – dijo el padre dirigiéndose al invitado.

-Eh… sí, pero el futbol no es mi especialidad, sólo un pasatiempo.

-¡Un muy buen pasatiempo!- exclamó entre sonrisa el hombre.

-Uh…- miró a Yoko como si esperara alguna respuesta- a mí… me gusta cantar.

Otro silencio se implantó en la sala. Hikaru se sintió incómodo, demasiado. Yoko sonrió por dentro, de cierto modo daba gracia.

-Pero…. Soy muy bueno en el tenis.- trató de subir el ánimo, no quería ser el hazmerreír de la noche.

-Queremos que pronto  Yoko entre en el club- dijo la madre cogiendo la mano de su hija, sentada al lado. Hikaru mostró una sonrisa, aquello sería grandioso, entonces pasaría más tiempo con ella. – no podemos estar más orgullosa de ella.

El muchacho suspiró, se levantó de la mesa, aclarando que iría al baño. Se miró en el espejo, suspiró de nuevo, estaba nervioso y bastante alterado, se repitió en la mente las palabras de su profesora más unida, la Srta. Mckliney.

-Oh volvió.

-Pero antes… quiero cantar algo, eh… quiero mostrarles mi talento y también sacar a luz una situación difícil.

Yoko encogió el rostro entendiendo sus intenciones. Los padres le dejaron, Hikaru comenzó a cantar. Yoko miró a otro lado, sabiendo lo que sucedería después. Poco a poco los padres fueron borrando sus sonrisas del rostro hasta que Hikaru terminó.

Los mandaron a sentar en el mueble, querían explicaciones.

-Pensé que eras una buena chica.

-Y lo soy.

-Pensé que seguías siendo mi pequeña de la cual he estado orgulloso.

-Y lo sigo siendo padre… - comenzó a llorar sintiéndose herida por sus comentarios.

-¡No! ¡No lo eres! – Vociferó, asustando a ambos chicos- ¿Es tuyo?- miró a Hikaru enfurecido. - ¿O fue ese noviecito Kai?

-N-no la dejó terminar, continuó con sus gritos enfurecidos.

-¡¿O acaso te has convertido en una estudiante promiscua que anda dando souvenirs corporales a cualquiera?!

-No… no es así.- las lágrimas dieron un paseo por el rostro de Yoko y la voz cortada se mostró.

-Señor…-Hikaru trató de hablar, pero nada podía controlar a la furia de ambos padres.

-Vete.- su voz sonó seca y cruda. Yoko miró sorprendida a su padre, sosteniendo la mano de Hikaru.

-No, Hikaru es un chico bueno él no tiene la cul…

-Tú también.

-¿Eh?

-¡No quiero una escoria en mi casa! ¡Vete de aquí!

-¿Por qué? ¿Por qué cometí un simple error? Es en este momento en donde mis queridos padres me deben de apoyar- se levantó del asiento, sujetando su vestido y llorando adolorida, miró  a su madre que se mantenía en silencio, mirando a otro lado, soltando lágrimas. – Madre… por favor.

Observó las fotografías en su habitación, sujetó la de hace dos meses. Abajo decía su nombre acompañado por la ganadora nacional de tenis. Se veía tan exitosa en aquél traje y sosteniendo la raqueta, en la mitad de acción de un partido. Botó un suspiro, mirando al techo, tratando de aguantar de nuevo las lágrimas. La puerta sonó, siendo abierta por Hikaru.

-¿Puedo pasar?

Yoko guardó la fotografía detrás de su espalda, dejándolo entrar.

-Lo lamento… lo arruiné todo.

-No… no es tu culpa, fuiste tú quién tuvo el valor de decir lo que yo no pude, total… pronto se hubieran dando cuenta.

-¿Quieres hablar sobre el tema?- dijo dudoso, tratando de arreglar el problema.

-No… sólo tengo media hora para empacar mis cosas… ¿podemos quedarnos en silencio? – Hikaru asintió con una movida leve de la cabeza. Yoko terminó de llorar, apoyándose en las piernas del muchacho, abrazando con fuerzas la fotografía…. Aquellos días que posiblemente nunca recuperaría.

 

¿Y qué tal? ¿Qué les pareció el comienzo de la historia? Vergüenza Pueden dejar comentarios... asi sabre que tan mala es o si se acerca a hacer algo interesante! xD

Besos!

La boda Interrumpida.

por Nasne
viernes, 03 de septiembre del 2010 a las 14:24
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Capítulo 3

Christopher escupió el trago que tenía en la boca después de tomar la taza de té. Vio el estado de desastre que se encontraba Danielle cuando se apareció en la sala.

-¡¿Qué rayos...?!

-No me culpes- dijo tratando de no recibir algún regaño. Christopher se llevó las manos a las sien y comenzó a frotarlas con lentitud, Danielle lo miró ladeando el rostro, notó la frustración en él- Lo lamento si no soy la mujer perfecta. ¿Qué esperabas?

-Si ya sé que no eres la mujer perfecta....- suspiró irónico. - Cámbiate de nuevo.... Sólo queda una hora.

Recorrieron de nuevo en el carruaje con destino a la casa del tío mayor de Christopher, quien cuidó de él cuando sus padres murieron. Danielle de nuevo se mantenía distanciada de Christopher sin querer dirigirle la palabra. Todo era una pelea, para caminar, montarse en un carruaje, sentarse adentro... por mirar por la ventana. ¿Con qué polo opuesto se había encontrado? se preguntaron los dos en sus mentes mientras guardaban silencio.

Los caballos pararon de andar. Christopher asomó su vista por la ventanilla, sí, ya habían llegado. Estaba ansioso de llegar y darle la noticia a su tío. Bajaron. Si Danielle pensaba que la casa de Christopher era grande estaba equivocada, no se comparaba con la del tío. Se encaminaron a la entrada. Tocaron la puerta y un hombre de barba les atendió, era el mayordomo fiel a la familia.

Entraron. Se adentraron hasta llegar  a la sala. Un hombre leía el periódico con tranquilidad, seguido por el pequeño ruido que se escuchaba de la radio colocada a un lado de su asiento. Danielle le sonrió apenada, no sabía cómo actuar enfrente de un hombre tan elegante y callado como aquél.

-Tío, ella es mi prometida.

-¿En serio? Es una joven bastante bonita -se levantó de la silla de alto respaldar y se acercó a la mencionada. Christopher se rió de su comentario. "¿Bonita? Sí claro..." Danielle volvió a escuchar su comentario y con todo el gusto del mundo le pisó el pie. Christopher chilló por dentro de dolor. - Pero...

-¿Qué?- un nerviosismo se apoderó de Christopher. ¿Qué podía andar mal?

-No se nota que te ama... ¿y tú?

-Bueno....- Danielle se puso atenta a la respuesta de Christopher, de cierto modo le interesaba. -... Es verdad, no la amo.

-El matrimonio es lo más hermoso que existe después del amor, no lo desperdicies.

-¡Sabias palabras!- exclamó contenta Danielle por dentro.

Christopher se montó azotando la puerta con fuerzas, estaba enojado, su plan había sido destrozado sólo por la mala cara de Danielle cuando fue presentada. La chica corrió tratando de alcanzarle, se montó con prisa en el carruaje, de inmediato partió sin dejar que ella terminara de adentrarse al vehículo. Se sentó al lado de Christopher pero bastante distancia, el chico sacaba chispas y llamas.

-Tu tío tiene razón.... no deberías de porqué enojarte.

-¡Cállate!- le gritó infantil. Danielle le ignoró y continuó hablando.

-¿Soy libre?

-¡No! ¡Lo conseguiré!

-No entiendo cuál es la necesidad...- susurró irritada. ¡Genial! Estaba atada a un lunático que sólo desea portar un anillo.

En la noche, Danielle descansaba en su nueva habitación sólo para ella donde no la compartía con Paul (el niño de mayor edad en la banda). Su sueño era pesado, peor que algún oso invernando. La puerta se abrió sin hacer ningún tipo de ruido molestoso. Christopher se acercó a ella en la cama, y la miró engreído.

-Esto es tan sencillo.... Nada quitará mi plan.

Colocó su mano en la cama para apoyarse y realizó una leve conexión con los labios de la muchacha que dormía profundamente.

9:46 A.M

Danielle abrió los ojos con flojera. Se levantó sentándose en la cama, miró a su alrededor, es verdad... ya no estaba en su hogar verdadero. Entonces sonrió encantada.

-¡Soñé que el príncipe me besaba! ¡Casi se sintió real!- golpeó con fuerzas la almohada con puñetazos animados y leves. Se revolcó en la cama una y otra vez sin parar de sacar griticos entusiastas.

Bajó las escaleras, con flojera y pasos lentos. Vio a los sirvientes en constante movimiento, recogiendo cosas, limpiando y adornando el interior de la casa. Christopher estaba cruzado de brazos al final de la escalera, mirando enfadado como su prometida bajaba las escaleras.

-¿Qué haces levantándote a estas horas?- le preguntó con voz de autoridad. Danielle movió los ojos a otro lado y le pasó por al lado. Ignorándolo. Christopher se quedó silencioso, ¿El beso de anoche no tuvo efecto? Si era ´así, la chica era difícil. Se fue  a la mesa del comedor, por lo menos esperó por ella para el desayuno. Cada uno colocó lo que más le apetecía en esa mañana. No había charlas y mucho  menos sonrisas. Entonces entró Patrik soñoliento también pero ya vestido. Miró a Danielle sorprendido y esta también. Los rostros de ambos sonrojaron. Patrik saludó a su primo colocando su mano en la espalda de este y tomando asiento al lado. - También eres un flojo. - le dijo burlón Christopher.

-Lo lamento, no tuve una buena noche.

Danielle de vez en cuando mandaba miradas indiscretas a Patrik, preguntándose que hacía allí, de seguro Chris lo había obligado a estar en la cama como a ella. Imposible, comenzó a reír. Christopher volteó la mirada, despegándola de su primo y miró extrañado a Danielle.

-¿De qué te ríes?

-No... Nada, lo lamento- tomó un poco del café en su taza y terminó de comer el biscocho en sus manos. Patrik le miró sonriente, le agradaba esa actitud de Danielle. Primero de torpeza y luego de risas inusuales que salían de repente. Danielle le miró, vio como aquellos ojos verdosos grandes y brillantes la recorrían lentamente. Accidentalmente el café salió por su nariz, en un acto no deseado. Christopher se exaltó, enfadado. Mientras Patrik no paraba de reírse.

-¡...!- sus ojos hablaron por él. Danielle cerró los ojos asustada, pensó que Christopher la metería en el refrigerador o la lanzaría en la montaña de excremento de caballos. Sintió una voz suave y delicada que se acercaba a ella ofreciendo ayuda.

-Déjame ayudarte- Patrik le indicó la puerta para salir y tomar el agua de la fuente, la verdad podían pedir un jarrón a los sirvientes pero quería estar a solas con ella. Remojó la servilleta de tela en el pozo de la fuente y con delicadeza lo frotó en el cuello del vestido que portaba Danielle. -Supongo que lo tuyo no es el líquido- sacó una burla amigable, no comparada con las de Christopher.

-Supongo... Esto, gracias por ayudarme, pero creo que puedo yo sola- no aguantaba la vergüenza que la consumía por dentro. Tomó la mano de Patrik, evitando que siguiera. Ambos se miraron. De inmediato ella la separó y miró a otro lado.

-Soy Patrik. El primo de Christopher.

-¿Primo? ¡¿Primo?! ¿Qué?!- gritó asustada por dentro, no era posible que aquella creatura fuera familia de su príncipe sacado de algún cuento infantil.

-¿Y tú?- le preguntó después de ver su rostro palidecido y la piel erizada.

-D-Danielle...- dijo nerviosa. Patrik le sonrió, tomó de nuevo su mano y la besó con mucho cariño. Danielle sintió derretirse de repente y quedó guindada dentro de sus fantasías. Patrik se levantó de estar agachado, arrugó la servilleta y se dio media vuelta. Danielle hizo su esfuerzo de calmarse y mirar como el dulce joven se alejaba. - ¡Padre! ¡Tengo buenas noticias! ¡Mi príncipe vivirá conmigo! Lo malo es que... es familiar de aquél asqueroso sujeto sacado de una caja de leche pasada de fecha de caducidad- arrugó el rostro y mostró el lado oscuro de su ser, pero se tocó la mano y la miró soñolienta.- ¡Oh Dios,  te adoro Patrik!

 

 

 

 

Noble

por Nasne
viernes, 03 de septiembre del 2010 a las 13:50
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Danielle

 Capítulo 2

-¿Qué? Creo que no estoy entendiendo.

-Es sencillo, comenzamos este juego mientras charlábamos con nuestro amigo- se acercó al muchacho y rodeó su cuello con el brazo, de inmediato él le lanzó una mirada amenazante y sin dudarlo, el hombre se apartó tembloroso. - después de eso, después de un reto le dijimos que si cualquier chica ganaba en el juego él estaría comprometido con ella. ¿Ahora entiendes? Millones de mujeres han llegado, pero ninguna fue tan afortunada como tú...- rió todo el grupito.

-¡Definitivamente no tienen oficio!- gritó enojada. El joven llevó los ojos en blanco, se acercó a ella sin ninguna delicadeza y la tomó por el brazo. -¡Espera…!

-Vamos rápido, necesito cosas que hacer.

-¿En serio voy  a hacer…?- no la dejó terminar.

-Escucha…. Eres fea y para mí no me gustas… Sólo necesito una prometida y de seguro a ti te hará bien- le dijo con voz áspera y amargada. Danielle se quedó silenciosa, pero luego en la mente le vino la imagen de su familia y la noticia de la bancarrota, tal vez estar con un noble los salvaría.

-Está bien... ¡pero toma en cuenta que yo tampoco te amo!- gritó infantil.

-Soy Christopher.

-Danielle.

-Al menos no tiene nombre de pobre...- susurró. Danielle lo escuchó y con todas sus fuerzas le pateó. Christopher chilló de dolor y le reclamó, Danielle se fue por el lado, no lo soportaba pero fue detenida por la mano de su prometido. Sin más que hacer fue arrastrada al carruaje. Se montaron y comenzó a andar.

Estaban de mal humor y distanciados. No se hablaban ni se miraban, la perfecta pareja para contraer matrimonio. El recorrido fue largo, Danielle no había salido nunca del pueblo, le mencionó a Christopher que después de ir al lugar a donde él quería, ella tenía que volver a su casa, a explicarle la situación a su padre y terminar de recoger sus pertenencias. Christopher sacó una risita burlona, Danielle no lo entendió pero aunque preguntó no recibió noticia alguna.

Comenzaron a acercarse a una gran casa, más bien mansión, para Danielle era impresionante ver tal cosa. Estaba rodeado de bosque, flores hermosas, jardines espectaculares y una pequeña fuente en la parte trasera. La chica se quedó boca abierta, sin saber que decir, ¿ahí era en dónde comenzaría a vivir? Tal vez todo no era desgracia, si ignoraba a Christopher no tendría obstáculos para la felicidad plena.

El carruaje se detuvo. Christopher se bajó con un salto. Danielle se quedó esperando, se imaginó que al menos algo de educado tendría él que le daría su mano para ayudarla a bajarse de algo que por primera vez se montaba, pero aquello era fantasía, Christopher siguió su camino, dirigiéndose a la puerta, dejando a Danielle tratando de bajarse.

Al abrir la puerta los sirvientes que corrían con desesperación se detuvieron, tomaron una hilera y dejaron el centro disponible para el dueño de la casa. Christopher comenzó a caminar con elegancia.

-Arréglenla, muestréenle la casa y luego llévenla al carruaje de las tres de la tarde para ir a nuestro destino- ordenó con voz poderosa. Danielle entró con pena, asomando su cabeza por los lados de la puerta. Las chicas la tomaron por un brazo y se la llevaron para cumplir las órdenes de su amo.

Christopher recorrió los jardines, iba en busca de alguien, pero no lo conseguía. Vio algo amarillo y redondo que no podía disimularse con las hojas verdes. Al acercarse un poco consiguió a su primo más cercano.

-¡Christopher!- dijo su primo emocionado.

-Patrik, tengo buenas noticias.... Conseguí una prometida... ¿te acuerdas del reto que estábamos haciendo pero te tuviste que ir? Lamentablemente la ganó una cualquiera... - encogió el rostro menospreciando a Danielle- pero ya conseguí una.

-¿En serio? ¿No sería mejor que te cases con una persona que verdaderamente ames?

-Da igual... si es por la fortuna de nuestra familia puedo soportarlo- sonrió fascinado. Patrik no estaba totalmente de acuerdo con su idea, pero eran mejores amigos/primos/ casi hermanos, guardar silencio podría ayudar a mantener la relación. - Más tarde iremos a la casa de mi tío a darle la noticia y terminaré el día con la boda de nosotros dos.

-¿Puedo conocer a la doncella?- preguntó Patrik burlón. Christopher levantó los hombros, continuó con su camino, quería darle la noticia a su primo y luego irse a cambiar.

Danielle vio los millones de vestidos y camisas que tenían para ella, todos estaban bonitos pero no se imaginaban en ninguno de ellos, prefería su vestido azul celeste con botas altas de lazos blancos, desde los trece años que lo tenía. ¡Impresionante! Pues ella no había cambiado mucho de físico, una chica sosa... pensaría Christopher si le diera aquél argumento. Entonces  no quería ser insultada de nuevo, pues los comentarios de él eran para bajar la autoestima... decidió llevar aquellos vestidos de primera calidad hechos en todas partes del mundo.

Las sirvientas querían hacer algo con su descontrolado cabello. Se veía difícil de peinar. Danielle retrocedió muchos pasos cuando se acercaron con las tijeras y el peine. ¿Qué hacen? les preguntó enfadada.

Fue una pelea para dejar que Danielle se peinara. Muchos jalones de cabellos para ella. Corrió lejos, pateando la puerta y bajando escaleras sosteniendo  la parte de abajo de su vestido para evitar que se cayera y rodara. Quería desaparecer de la nobleza, descubrió que no le agradaba. Pero de nuevo recordó su familia.... No podía regresar a casa con las manos vacías después de una promesa, además su padre se decepcionaría.

Caminó tratando de despejar la mente y calmarse por los jardines, la verdad ella no sabía en donde estaba.

Se sentó en el borde de la fuente y suspiró unas cuantas veces.

Escuchó pasos acercarse. Levantó la mirada. Un joven apuesto para ella, con ojos verdosos y grandes y la piel blanca casi como su traje de elegancia se apareció. Patrik la miró con detenimiento, sintió un brinquito en el corazón, pero guardó silencio.

-... ¿Él... no es el del pañuelo?- pensó Danielle impresionada. Trató de levantarse pero pisó la tela del vestido y accidentalmente cayó hacia atrás, mojándose con la fuente. Patrik corrió hacia ella, en vez de reírse la ayudó a levantarse. - Se molestará conmigo- mencionó Danielle enojada consigo misma. Patrik comenzó a reír a carcajadas, Danielle sonrojó, no quería que la vieran como una buena para nada.

-Eso fue... muy gracioso...- no paraba de reírse. Danielle se dio media vuelta, pateando el suelo y quejándose - lo lamento... ni yo... haría tal cosa- colocó su mano en el hombro de Danielle disculpándose, su mente funcionó, no conocía a la chica por lo tanto debía de ser la prometida de su novia. - Christopher... se enojará si te tardas- dijo alejando las risas. Danielle notó su apagada actitud de repente, pero asintió, lo poco que conoció de él era para demostrar que era un ogro. Patrik la vio alejarse, que triste que una chica tan linda como ella ya tuviera compromiso.

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